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17 de febrero de 2011

Una playa que deje por fin de estremecerse

LI'm supposed to be the soldier 

who never blows his composure. 


El otro día no estaba bien, tenía ganas de mandar mi vida a la mierda, de dejar todo aquello que más quiero y desaparecer de este jodido mundo en el que nada está bien, lo único que fui capaz de hacer fue salir a la calle con el Ipod al máximo y caminar sin rumbo, izquierda-derecha, entonces recordé aquel libro de un psicólogo que había estado internado en un campo de concentración y que duramente consiguió salir sano y salvo de ese maldito infierno, después de aquello, miles de personas se suicidaron, ya no les quedaba nada, no tenían familia, no tenían casa ni trabajo, ya no eran nada, se dieron cuenta de lo que es capaz de hacer el ser humano. Ese psicólogo siguió adelante, comenzó una nueva vida y trató a muchos judíos que al igual que él no habían muerto en esas falsas duchas, lo primero que les decía a sus pacientes era: "¿ Por qué no te suicidas?" Lo que nuestro psicólogo consiguió sacar de todos esas personas que no se habían suicidado después de haber sobrevivido a esos desalmados campos de concentración fue que algo les impedía desaparecer por completo de la faz de la Tierra, que había algo, por insignificante que fuera, que les animaba a seguir con vida, un recuerdo, una habilidad, una pasión... algo que les daba esperanzas para seguir creyendo en la humanidad, ellos todavía querían seguir adelante pero necesitaban un pequeño empujón. Y yo, después de recordar este libro me dí cuenta de que lo que a mi me impedía seguir adelante comparado con lo que vivió toda esta gente es una puta mierda. Si ellos pudieron yo puedo.